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África Occidental partida en dos: El golpe en Benín y el pulso final entre la AES y la CEDEAO

  • 1 feb
  • 4 min de lectura

Sebastián Gilabert Morata


El 7 de diciembre, otro intento de golpe contra la democracia en África ha conmocionado al mundo. Los interesados en este continente estamos acostumbrados a este tipo de anuncios. A pesar de ello, este intento forma parte de una confrontación regional mucho mayor, donde las partes implicadas parecen estar cada vez más cerca de una escalada más seria.


Un residente mira periódicos en un puesto en una calle de Cotonú después de un intento fallido de golpe de Estado en Benín, el 8 de diciembre de 2025. / Olimpia de Maismont, AFP.


Para ello, necesitamos entrar en contexto con los sucesos que han cambiado África Occidental desde 2020 y que dan explicación al intento de golpe de estado en el pequeño país de Benín.


Todo empieza en el país llamado “el corazón del Sahel”, Mali, donde un sector militar frustrado con las políticas de seguridad en un país con una gran presencia yihadista (especialmente JNIM, vinculado a Al-Qaeda) e independentista (Azawad) al norte forzó la entrada al palacio presidencial. El derrocamiento del presidente Ibrahim Boubacar Keïta en 2020 por el coronel Assimi Goïta impuso un gobierno de transición que, igualmente, fue tumbado en un golpe de estado en el año 2021.


Ese levantamiento tuvo un marcado carácter populista y antiimperialista. Su argumento para llegar al poder fue acusar a Occidente, especialmente a Francia, del fracaso en la seguridad del país, por lo que decidió rápidamente entablar relaciones con países rivales como Turquía y Rusia.


Mientras tanto, Rusia invertía grandes cantidades de recursos en difundir desinformación a la población para crear un sentimiento antifrancés muy marcado, y una idea de Rusia como “liberadora”. Así convencieron a un joven militar burkinés, Ibrahim Traoré, y nigerino, Abdourahamane Tchiani, de dar golpes militares en sus países, muy similares al de Mali, en 2022 y 2023 respectivamente.


En septiembre de 2023, los tres países crearon una alianza regional llamada Alianza de los Estados del Sahel (AES) para luchar contra los grupos insurgentes. Con ello se generó una rivalidad regional con el grupo al que estos tres pertenecían antes de la sublevación militar, la CEDEAO. La principal diferencia entre ambos grupos son sus alianzas globales, donde Rusia es el mayor aliado de la AES (al comienzo con Wagner y, posteriormente, con el grupo controlado por el ministerio de defensa Africa Corps), y antiguamente Francia, aunque más recientemente es una mezcla entre EE UU, la Unión Europea y Reino Unido, como socio principal de la CEDEAO. 


Mapa de la CEDEAO y AES. / France 24.


Viendo un mapa se intuye el principal problema de la AES, su salida al mar. Si bien actores regionales como Marruecos y Argelia rivalizan por ser quienes ofrezcan su costa, aún los costes son grandes al tener que recorrer el Sáhara y ser distancias enormes. Por tanto, sería ideal que un país del grupo de la CEDEAO se uniese a la AES para no tener que depender de puertos extranjeros.


En ese punto entra el país costero de Benín, donde una democracia formal gobierna el país bajo la presidencia de Patrice Talon, cada vez con tintes más autoritarios. La mañana del 7 de diciembre el país se despierta con un intento de golpe de estado liderado por el teniente coronel Pascal Tigri. La primera acción de los rebeldes fue dirigirse a asediar el edificio de radio y televisión nacionales en Cotonú (la capital), logrando su captura y una imagen que llegaría a todo el mundo con los militares transmitiendo el mensaje de una insurrección exitosa.


Soldados de Benin anuncian en la televisión estatal un aparente golpe de Estado / Mamadou Faye, BBC.


A pesar de aquella conmoción, lejos de los focos, actores poderosos se movieron ágilmente para derrotar a los golpistas. Entre ellos están las fuerzas armadas de Benín, fuerzas aéreas de Nigeria y tropas marfileñas. Además de conocerse un despliegue militar francés en esas horas, aunque aún sin confirmación de su disposición a combatir.


El líder del levantamiento militar, tras el fracaso en el intento, se retiró rumbo a Togo, un país miembro de la CEDEAO pero que mantiene muy buenas relaciones con las juntas militares de la AES y se autoproclama como un actor “neutral” en la situación regional. Algunos informes indican que su presencia actual es Niamey, capital de Níger, una de las juntas militares, aunque no está confirmado.


Hasta este punto se puede intuir la existencia de cierta intervención extranjera por parte de las juntas en Benín. Aunque eso no era todo. En septiembre de 2025 el Tribunal internacional de arbitraje del Banco Mundial (CIADI) condenó a Níger a no poder vender, transferir o facilitar la transferencia a terceros del uranio extraído por la empresa Somaïr, puesto que fue nacionalizada por la junta sin compensar al accionista mayoritario (63,4% de la empresa): la empresa francesa Orano (antigua Areva).


Dos meses después de la resolución internacional se filtró desde diversas cuentas en redes sociales que un gran convoy de 53 camiones con uranio se dirigía desde Arlit, la zona donde opera la empresa Somaïr, hacia el suroeste. El convoy iba escoltado por militares rusos del Africa Corps y tenía como destino Lomé, capital de Togo, donde un buque carguero ruso, días después, parecía estar esperando.


Foto de parte del convoy estacionado en Niamey / @casusbellii , X


Atravesar desde Níger hasta Togo sería un gran problema logístico, puesto que deberían cruzar por Burkina Faso, donde la actividad yihadista está muy asentada en la frontera. ¿Realmente es coincidencia que un intento de derrocar al presidente de Benín, país al sur de Níger, justamente semanas después de iniciar el desplazamiento del convoy con uranio legalmente bloqueado por el Banco Mundial? Los indicios apuntan que no: Benín es, además de un objetivo político, un corredor logístico necesario. A la hora de redactar este artículo el convoy lleva desde el 7 de diciembre (mismo día del intento de golpe en Benín) en Niamey, capital nigerina, y se cree que recientemente fue desplazado hacia el Aeropuerto Internacional de Niamey.


Por tanto, parece ser que en la región africana existe un fuerte movimiento entre dos grandes actores regionales que, con apoyo extranjero, están en un conflicto por la influencia en la región. La CEDEAO se ha mantenido ciertamente pasiva desde los golpes de estado en Mali y Burkina Faso, con cierto temor de escalada en 2023 por el golpe militar en Níger pero rebajando tensiones tras el vencimiento del ultimátum de la CEDEAO. Con la amenaza de extender las juntas hacia un país costero, la organización parece adoptar una posición más firme.


 
 
 

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