Tambores de guerra en el Cuerno de África
- 26 feb
- 5 min de lectura
Sebastián Gilabert Morata
El pasado 8 de febrero, Etiopía encabezó varios titulares de prensa por las declaraciones del gobierno de Addis Abeba, las cuales ordenaban a Eritrea, el país vecino, a “retirar inmediatamente sus tropas” de la región etíope de Tigray.
Pero, ¿por qué Eritrea tendría tropas en una región de Etiopía? ¿Qué pasa en la región septentrional para que sea un punto conflictivo para ambos países? ¿Estallará otra guerra en el continente africano? Para contestar todas esas preguntas debemos remontarnos a la historia reciente del conflicto y las dinámicas de la región del Cuerno de África.

Inauguración de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), el 9 de septiembre de 2025. / @ifa_ethiopia, X.
Esta región se sitúa en el este de África, colindando con el Mar Rojo y el Océano Índico. Los países involucrados son Etiopía, Somalia, Eritrea y Yibuti. De estos, Etiopía se erige como la potencia regional por antonomasia y uno de los países más influyentes del continente por ser considerado el único Estado africano que no fue colonizado (con excepción de la ocupación italiana entre 1935 y 1941).
Es el segundo país más poblado del continente y alberga una enorme diversidad, articulada a través de un sistema federal basado en el origen de sus pueblos. Las tres etnias más importantes del país son: oromos, amharas y tigrinos.
A pesar de su posición preponderante en la región sufre de una fuerte herida abierta: su acceso al mar. No siempre fue así, Etiopía pudo disfrutar de una costa hasta la sangrienta independencia de Eritrea en 1993. Por tanto, el acceso al mar es la principal ruta estratégica del país o, como dijo el primer ministro etíope, Abiy Ahmed: una “necesidad existencial vital” para la nación.
La llegada de Abiy Ahmed al poder en 2018 trajo esperanza en el país por su posición conciliadora (es hijo de las dos grandes etnias del país: amhara y oromo) y la Cumbre entre Eritrea y Etiopía que puso fin a los conflictos fronterizos, que hizo que se le concediera el Premio Nobel de la Paz.

Mapa político de Etiopía. / Maps of world, mapsales.com.
Aunque nada de eso pudo evitar el gran conflicto que se avecinaba contra rebeldes independentistas del Tigray. Esa región llevaba tres décadas dominada por el Frente de Liberación del Pueblo del Tigray (TPLF), partido nacionalista tigrino, que bajo el mandato de Abiy perdió su hegemonía ante la creación del Partido de la Prosperidad, con el que el mandatario buscaba superar el sistema de partidos étnicos y centralizar el poder.
Guerra del Tigray (2020 - 2022)
En noviembre de 2020, el TPLF atacó bases federales en la región del norte, que conllevó una respuesta de guerra total por parte del primer ministro con apoyo militar de Eritrea. La contienda dejó tras de sí grandes violaciones de derechos humanos relacionadas con “masacres organizadas, el uso de la violencia sexual y del hambre como armas de guerra, limpiezas étnicas, desapariciones, e incluso detenciones en campos de concentración” (IEEE. Es hora de poner fin a la guerra olvidada de Tigray - CESEDEN - Liferay DXP, s. f.).

Soldados de las Fuerzas de Defensa de Tigray (TDF) preparándose para el traslado en el centro de Monumento a los Mártires de Tigray (Mekele), capital de la región de Tigray en Etiopía, el 30 de junio de 2021. / Yasuyoshi Chiba, AFP.
La situación se mantuvo constante hasta los Acuerdos de Paz de Pretoria en noviembre de 2022, a un día de cumplir 2 años de guerra. Las consecuencias de las hostilidades fueron nefastas humanitariamente por ser uno de los conflictos más sangrientos hasta nuestros días. Las cifras de muertos oscilan entre 600.000 y 800.000 personas. Políticamente, se reemplazó al presidente del gobierno independentista tigrino, Debretsion Gebremichael, por el portavoz del TPLF, Getachew Reda, como Presidente de la Administración Regional Interina (IRA).
Situación interna
Desde el primer día, Reda, que lideraba un bando más centrado en la reconstrucción de la región, y Gebremichael, cuyo bando se centraba en mantener una administración nacionalista, han mantenido grandes tensiones políticas internas. Mientras tanto, las tropas eritreas mantenían sus puestos militares en el Tigray desde los acuerdos de paz.
En 2025 el presidente interino del Tigray, Getachew Reda, fue depuesto tras una purga interna del brazo armado del TPLF. Su sucesor, Debretsion Gebremichael, ha sido señalado por sus detractores de mantener contactos pragmáticos con Eritrea para debilitar la autoridad de Addis Abeba. Este giro resulta paradójico, dado el odio histórico entre el TPLF y el régimen eritreo, pero responde a un nuevo tablero de ajedrez regional: Eritrea ha pasado de ser el brazo ejecutor de Abiy Ahmed en Tigray a alinearse con el eje somalí-egipcio, temerosa de que las ambiciones marítimas de Etiopía amenacen su propia integridad territorial.
A la inestabilidad en Tigray se sumó, a partir de 2023, un nuevo frente interno, las milicias Fano. Estas milicias amharas, que combatieron junto al Gobierno durante la guerra civil, se alzaron contra el ejército federal tras el decreto de disolución de las fuerzas regionales.
Escenario internacional
En el plano exterior, en 2024 Etiopía fue el foco de posibles desestabilizaciones regionales por su adhesión al bloque de los BRICS y, especialmente, por su intención de firmar un acuerdo con la región independiente de facto de Somalia, Somalilandia. Ambos firmaron en enero un memorándum por el que Etiopía reconocería a Somalilandia si esta le daba un acceso portuario en el Golfo de Adén, al fin satisfaciendo las ambiciones marítimas del país.

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed (izquierda), firmó un memorando de entendimiento con el presidente de Somalilandia, Muse Bihi Abdi (derecha), en Addis Abeba, el 3 de enero de 2024. / MFA of the Republic of Somaliland.
Etiopía parecía poder empezar a establecer sus intereses como potencia regional. Pero el acuerdo trajo tensiones aún mayores con países que tenían influencia en la región. Como era de esperar Somalia rechazó el acuerdo, pero consigo actores como la UE, ONU, Estados Unidos o la Unión Africana se opusieron. Los detractores más destacables fueron Turquía y Egipto, que llegaron a formar una alianza militar con Somalia.
Ante la presión diplomática y la posibilidad de un conflicto abierto con Somalia, Abiy Ahmed se vio forzado a poner el acuerdo en suspenso. Sin embargo, este estancamiento no trajo la paz; por el contrario, mantuvo a la región en un estado de alerta permanente y alimentó la carrera armamentística en el Mar Rojo durante 2024 y 2025.
A finales de 2025, Addis Abeba fue protagonista de una gran crisis con Egipto por la ruptura definitiva de las negociaciones sobre la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), tras completar su llenado de forma unilateral. Desde entonces, oficialmente Egipto mantiene unas relaciones especialmente tensas con el Estado etíope. Tan deterioradas están esas relaciones que en la guerra de Sudán, donde Egipto apoya plenamente al gobierno internacionalmente reconocido; en respuesta, Etiopía juega un papel cada vez más claro junto al bando opositor (las RSF) puesto que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, llegando a construir en febrero de 2026 una instalación militar para instruir a las fuerzas rebeldes sudanesas.
En definitiva, Etiopía se asoma a un abismo estratégico que pone en juego su propia existencia. En el plano interno, el Gobierno lidia con la insurgencia de las milicias Fano y un TPLF revitalizado. En el exterior, el aislamiento es casi total: Eritrea se desvincula de su antiguo socio, Somalia clausura la vía diplomática por la cuestión de Somalilandia y Egipto observa con hostilidad cada movimiento en el Nilo y Sudán. Addis Abeba se enfrenta así a una comunidad internacional que observa con recelo cómo sus ambiciones marítimas amenazan con incendiar, de nuevo, el Cuerno de África.




Comentarios