Taiwán en el centro: La disputa que reaviva la tensión entre Japón y China
- 10 dic 2025
- 4 min de lectura
María Garrido Requena
En cuestión de días, Japón y China han entrado en una fase de tensión diplomática marcada por el pulso en torno a Taiwán. Las declaraciones de la nueva primera ministra japonesa Sanae Takaichi, advirtiendo de una posible respuesta militar ante un ataque chino, provocaron la reacción de Pekín, que llevó el caso ante la ONU. A esto se suma el reciente aumento del gasto militar taiwanés, que ha intensificado el conflicto y ha convertido a la isla en el centro de la disputa entre ambas potencias.

La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, y Xi Jinping, presidente de China. / Reuters.
Durante años, Japón apostó por una política de ambigüedad respecto a Taiwán. Sin embargo, las recientes declaraciones de la primera ministra Takaichi evidencian un cambio, al vincular la seguridad de la isla con la estabilidad política y marítima japonesa. Así pues, durante su corto período al frente de Japón, Takaichi ha priorizado la defensa del país nipón, especialmente en el Mar de China Oriental, donde se ubican las islas Senkaku, particularmente disputadas debido a su reclamación por ambos países y su posición estratégica cercana a Taiwán. Todo ello, se ha visto reflejado en el compromiso de la primera ministra de aumentar el gasto en defensa hasta un 2% del PIB en marzo de 2026, dos años antes de lo previsto.
Por otro lado, para China, Taiwán es una asunto interno innegociable y toda posible intervención japonesa sería percibida como una interferencia en su propia soberanía. El Partido Comunista Chino defiende la “reunificación” de Taiwán y promete anexionar la isla al considerarla una provincia china. Esta postura se fundamenta en la doctrina de “una sola China”, según la cual la República Popular China es el único gobierno legítimo, así como, considera que cualquier apoyo externo a Taiwán puede justificar represalias. Por este motivo, las declaraciones japonesas sobre una posible intervención se interpretan en Pekín como una intromisión inadmisible en lo que denomina sus “líneas rojas” de seguridad nacional.
Historia compartida, conflicto que persiste
Estas recientes tensiones se enmarcan dentro de un contexto histórico donde Taiwán constituye un punto sensible entre ambos países. Taiwán fue una colonia japonesa durante aproximadamente medio siglo. Este periodo dejó una huella importante en la memoria colectiva china, ya que se produce en el contexto del llamado “siglo de humillación”, cuando potencias extranjeras, entre ellas Japón, se repartieron territorios tradicionalmente vinculados a la esfera de influencia china. Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, la administración de Taiwán pasó a manos del Gobierno nacionalista de la República de China (ROC), dominado por el Kuomintang (KMT).
Años después, tras la derrota KMT por los comunistas en la guerra civil china, este se retiró a Taiwán junto con millones de civiles y estableció allí su gobierno, manteniendo la denominación de República de China. En el territorio continental se proclamó la República Popular China (RPC), que desde entonces considera la isla parte irrenunciable de su territorio.
Sin embargo, para Japón, Taiwán también posee un valor estratégico indiscutible. La isla forma parte de la denominada Primera Cadena de Islas, una línea geográfica que limita la proyección marítima china hacia el océano Pacífico. Desde la perspectiva japonesa, que depende del comercio marítimo y del libre tránsito para su seguridad energética, que Pekín controle ese punto crítico alteraría profundamente el equilibrio regional.
El socio estratégico que puede cambiar el rumbo
Respecto a Taiwán, Estados Unidos mantiene una postura de “ambigüedad estratégica”: no reconoce la isla como un país independiente pero, vela por su defensa y seguridad suministrando grandes cantidades de armamento y material militar. Paralelamente, mediante el Tratado de Seguridad y Cooperación Mutua, Washington y Tokio mantienen una alianza defensiva que permite el despliegue permanente de tropas estadounidenses en territorio japonés y establece mecanismos de asistencia mutua.

Reuters.
Asimismo, esta postura estadounidense no solo responde a un interés militar, sino también económico y tecnológico. Taiwán, concentra entre el 60% y el 70% de la producción mundial de semiconductores avanzados, imprescindibles tanto para el mercado global como para la industria militar estadounidense. Además, el Indo-Pacífico constituye la ruta por la que transita más de la mitad del comercio marítimo mundial, de modo que cualquier alteración en la estabilidad de la región tendría repercusiones económicas de gran escala.
De esta manera, el apoyo de Washington a Tokio y Taipéi es parte central en su estrategia en el Indo-Pacífico. Sin embargo, esta cooperación también implica que cualquier crisis en el Estrecho de Taiwán podría escalar hacia un conflicto de dimensiones internacionales, donde Estados Unidos podría desempeñar un papel relevante. En ese escenario, Japón no es un actor secundario, sino un elemento central dentro de este triángulo de poder ya que, vive el conflicto desde la proximidad geográfica y la vulnerabilidad directa. Su seguridad energética, su comercio marítimo y el acceso a rutas esenciales dependen de que el Estrecho permanezca estable.
Asimismo, crisis previas entre ambos países respaldan la inquietud japonesa, pues los principales fabricantes de automóviles sufrieron el derrumbe de ventas, a lo que se suma la posesión de prácticamente el monopolio de tierras raras por parte de China. Japón, a pesar de haber tratado de diversificar sus compras, aún recibe de China el 60 % de esos minerales que necesita su industria tecnológica.
En definitiva, la cuestión de Taiwán se ha convertido en un motivo de choque entre Japón y China, situando a la isla como un punto delicado en el equilibrio regional. Para China representa un objetivo histórico, mientras que para Japón es un elemento esencial de su seguridad y de la estabilidad del Indo-Pacífico. Con Taiwán reforzando su seguridad y Estados Unidos respaldando la posición de Tokio de aumentar su presupuesto en defensa, el escenario se ha vuelto más tenso y frágil.




Comentarios