¿Qué pasó en Hawaii? La expansión estadounidense en el Pacífico
- 17 feb
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Sofía Pizarro Muñoz
El pasado 8 de febrero tuvo lugar el acontecimiento americano del año, la Superbowl, el partido final de la temporada de fútbol americano profesional en Estados Unidos. Aun así, el mundo tenía puestos los ojos sobre el Halftime Show. Esta actuación musical en vivo durante el descanso capta la atención global, pero esta vez aún más con la participación de Bad Bunny. Tras cantar 10 canciones de su repertorio musical en español, destacó la participación de Lady Gaga y Ricky Martin.
Mientras que Gaga interpretó una versión al ritmo de salsa de su canción Die With a Smile, la que más impactó fue la aparición de Ricky Martin. El cantante puertorriqueño con más de 30 años de trayectoria cantó una de las canciones de Bad Bunny, Lo que le pasó a Hawaii. Un momento que no debía pasar desapercibido para el público americano y que destacó por encima de los demás a causa de su intérprete.
Sin embargo, ¿qué pasó en Hawaii?
La historia de Hawaii comienza siglos antes de la llegada europea con el establecimiento de pueblos polinesios en las islas y que desarrollaron una compleja organización social, religiosa y agrícola. Estos primeros pobladores desarrollan una sociedad enfocada y conectada con la naturaleza. No obstante, diversos estudios en arqueología y antropología del Pacífico (Patrick Vinton o Marshall Sahlins) sostienen que estas migraciones comenzaron entre los siglos IX y XIII, con la guía de sistemas de orientación como las estrellas, corrientes oceánicas y la observación de las aves. Con esto, alejado de construir sociedades aisladas, los primeros ciudadanos desarrollaron una organización social jerárquica articulada según el sistema "kapu" regulando así la vida política, espiritual y ecológica de la comunidad.
Dicho sistema marcaba qué estaba permitido para la comunidad y qué debía permanecer restringido, regulando aspectos tan cotidianos como la alimentación, la convivencia o el acceso a espacios naturales considerados sagrados. Así, la sociedad hawaiana establecía límites en correlación con su lógica política y ecológica. Mientras que, por otro lado, determinados periodos de pesca o cultivo quedaban prohibidos para evitar la sobreexplotación de recursos, mientras que la figura de los aliʻi (jefes) y los kahuna (sacerdotes) garantizaba el cumplimiento de estas normas.
Esta cosmovisión permitió la creación de una identidad cultural propia, expresada en la lengua hawaiana, la tradición oral y manifestaciones artísticas que han sobrevivido pese a los procesos coloniales posteriores. Autores como Epeli Hauʻofa han reinterpretado estas sociedades como redes dinámicas dentro de un “océano de conexiones”, cuestionando la visión eurocéntrica que durante siglos presentó el Pacífico como un espacio vacío o periférico.

Mapa de las islas hawaianas. / Viajando por América.
La llegada progresiva de exploradores, comerciantes y misioneros occidentales a finales del siglo XVIII transformó profundamente el equilibrio social y cultural de las islas. Tras el primer contacto documentado con el capitán británico James Cook en 1778, Hawái se convirtió en un punto estratégico dentro de las rutas comerciales del Pacífico, atrayendo a navegantes europeos y estadounidenses. Este contacto introdujo nuevas dinámicas económicas, armas y creencias religiosas, alejándolos así de su propio sistema, junto a enfermedades desconocidas que redujeron drásticamente la población indígena.
Por otro lado, el proceso de unificación del archipiélago hawaiano se consolidó a finales del siglo XVIII bajo el liderazgo de Kamehameha I, quien, mediante una combinación de alianzas estratégicas, innovaciones militares y legitimidad religiosa, logró integrar las distintas islas en una única entidad estatal. Diversos estudios historiográficos señalan que la introducción de armamento occidental y el establecimiento de redes diplomáticas con comerciantes extranjeros fueron factores determinantes para la centralización del poder. La instauración del Reino de Hawaii no solo supuso la consolidación territorial, sino también la institucionalización de una estructura jerárquica que reorganizó las relaciones entre los aliʻi, los kahuna y la población común. Este proceso configuró un sistema político híbrido, en el que las tradiciones polinesias coexistieron con influencias externas, sentando las bases de un Estado soberano reconocido por potencias internacionales durante el siglo XIX.
Durante este siglo, la influencia extranjera fue creciendo a través del comercio del azúcar y la instalación de misioneros protestantes, lo que modificó estructuras tradicionales (como el sistema kapu, anteriormente mencionado) y alteró las relaciones de poder dentro del reino hawaiano. Así, el archipiélago pasó de ser una sociedad polinesia relativamente aislada a un espacio cada vez más integrado en las redes políticas y económicas occidentales.
La llegada de Estados Unidos
Durante ese tiempo, hubo una creciente influencia de Estados Unidos en el archipiélago hawaiano impulsada por intereses económicos y acuerdos comerciales. La firma de tratados de reciprocidad azucarera consolidó la dependencia económica hacia el mercado estadounidense y favoreció la acumulación de poder por parte de élites empresariales extranjeras asentadas en las islas. Este contexto culminó en 1893 con el derrocamiento de la reina Liliʻuokalani, un episodio ampliamente analizado por la historiografía como resultado de la convergencia entre intereses privados y apoyo militar estadounidense. Tras un breve periodo como república independiente, Hawái fue anexado oficialmente por Estados Unidos en 1898 mediante la Resolución Newlands, integrándose como territorio estratégico dentro de la expansión geopolítica norteamericana en el Pacífico. Este proceso no solo transformó la estructura institucional del archipiélago, sino que también abrió un debate persistente sobre soberanía, colonialismo y hegemonía cultural que continúa vigente en el discurso contemporáneo.
Sin embargo, el proceso de integración definitiva de Hawái en la estructura política estadounidense culminó en 1959, cuando el archipiélago fue admitido oficialmente como el quincuagésimo estado de Estados Unidos tras la celebración de un referéndum local. Esta incorporación se produjo en un marco político marcado por la relevancia estratégica del Pacífico durante la Guerra Fría y por la consolidación de infraestructuras militares como Pearl Harbor, que reforzaron la presencia federal en la región. La estatalidad implicó la extensión plena de derechos y representación política dentro del sistema estadounidense, pero también intensificó debates sobre la identidad cultural hawaiana y la legitimidad histórica del proceso de anexión. En las décadas posteriores, el crecimiento del turismo, la globalización económica y los movimientos de revitalización indígena han configurado un escenario contemporáneo en el que la pertenencia a Estados Unidos convive con reivindicaciones de memoria histórica, soberanía cultural y reconocimiento de las comunidades nativas. Alejado de su sistema inicial y de sus orígenes, Hawaii convive como un Estado americano más.




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