Países Bajos contra la Ultraderecha
- 4 nov 2025
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Sofía Pizarro Muñoz
Los neerlandeses fueron llamados nuevamente a las urnas este 29 de octubre, apenas dos años después de las últimas elecciones generales. La convocatoria se produjo tras el colapso del gobierno de coalición liderado por Geert Wilders, del partido de extrema derecha PVV (Partij voor de Vrijheid), que se había formado con enormes dificultades después de los comicios de 2023.

El líder del partido D66, Rob Jetten, hablando a los medios de comunicación en el Parlamento Holandés en La Haya. / Piroschka Van de Wouw.
La caída del Ejecutivo se desencadenó el pasado junio, cuando el propio Wilders retiró su apoyo parlamentario al gabinete. Las tensiones internas sobre la política migratoria (uno de los temas más sensibles del panorama neerlandés) fueron el detonante final. El líder ultraderechista exigía medidas mucho más restrictivas que sus socios de coalición estaban dispuestos a aprobar, lo que hizo imposible mantener la mayoría en la Cámara Baja.
Esta crisis no fue un hecho aislado. En realidad, Países Bajos atraviesan en los últimos años una etapa de creciente fragmentación política. Desde la dimisión de Mark Rutte en 2023 (aunque continuara en funciones como primer ministro interino), el país ha vivido dificultades para formar gobiernos estables y un aumento de la polarización, fenómenos poco habituales en una política tradicionalmente marcada por el consenso.
El anuncio de nuevas elecciones buscaba, por tanto, recomponer el tablero político y ofrecer una salida a un gobierno paralizado. No obstante, lejos de resolver la fragmentación, los comicios de 2025 reflejaron una sociedad dividida entre la continuidad moderada y el avance de discursos populistas.

Resultados de las elecciones legislativas neerlandesas de 2025. / El Grand Continent.
El camino hacia los comicios de 2025 comenzó con un terremoto electoral en 2023, cuando el PVV de Geert Wilders ganó por primera vez unas elecciones nacionales con 37 escaños, capitalizando el descontento social frente al coste de vida, la migración y las restricciones ambientales impuestas a los agricultores.
Sin embargo, la victoria no le permitió gobernar cómodamente. Las demás formaciones tradicionales (entre ellas, los liberales del VVD, los democristianos del CDA y los centristas del D66) se mostraron reacias a aliarse con Wilders, a quien consideran una figura divisiva y poco fiable. Tras meses de negociación, se alcanzó un acuerdo mínimo de gobierno que, desde el inicio, mostró grietas.
Durante 2024 y principios de 2025, el Ejecutivo enfrentó protestas de agricultores, tensiones sobre el plan de transición climática y un déficit de vivienda que afectó a amplios sectores de la población. Las encuestas comenzaron a reflejar un cambio de humor político: El PVV empezó a perder apoyo, mientras emergían nuevos liderazgos en el centro.
Entre estos, destacó Rob Jetten, joven líder del D66 (Demócratas 66), quien apostó por una agenda liberal progresista centrada en la sostenibilidad, los derechos civiles y la estabilidad institucional. Con un discurso moderado, pero firme, Jetten se presentó como la alternativa “pragmática” a los populismos de derecha e izquierda.
Cuando finalmente se convocaron las elecciones, el escenario era incierto. Los neerlandeses llegaban a las urnas cansados de los cambios de gobierno, pero también divididos sobre qué modelo de país querían. El resultado confirmó esa división, ya que ocurrió un empate técnico entre D66 y PVV, que obliga ahora a un nuevo ejercicio de negociación política.
El desenlace de estas elecciones deja a Países Bajos ante un dilema político y generacional. Por un lado, la emergencia de Rob Jetten simboliza el deseo de una parte del electorado de recuperar la moderación y la cooperación en un país históricamente acostumbrado al consenso. Por otro, la persistencia del voto a la ultraderecha refleja que el malestar social y la desconfianza en la clase política no han desaparecido.
Mientras se abren las negociaciones para formar gobierno, la cuestión que domina el debate es si el sistema neerlandés será capaz de adaptarse a una sociedad cada vez más fragmentada sin renunciar a su estabilidad democrática. El resultado final no solo definirá el rumbo del país, sino también el papel que Países Bajos desempeñará en la Europa de los próximos años.




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