Estados Unidos y Europa: ¿Amigos o enemigos? Descifrando la Estrategia de Seguridad Nacional del Gobierno de Donald J. Trump
- 25 dic 2025
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Jordi Pascual Pérez
El pasado 4 de diciembre de 2025, la Casa Blanca publicaba la Estrategia de Seguridad Nacional ante la mirada atenta de sus aliados, socios y enemigos. Este documento articula las prioridades estratégicas de la administración en el cargo, exponiendo sus intereses nacionales y amenazas prioritarias que revelan el papel que el Presidente quiere que la nación tome bajo su mandato.
Las Estrategias de Seguridad Nacional suponen un complicado proceso de coordinación entre diferentes agencias federales (véase el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa, la CIA, el Departamento del Tesoro...) que, bajo un vocabulario común, proyectan la visión estratégica de los Estados Unidos sobre el orden mundial.

La vista general de la Casa Blanca en Washington, D. C., julio de 2025. / Reuters.
La importancia del presente documento reside en que supone un cambio radical de diferentes administraciones en el siglo XXI lideradas por los demócratas Joe Biden (2020-2024) o Barack Obama (2008-2016) e incluso de los republicanos George W. Bush (2001-2008) y el propio Donald Trump en su primer mandato desde 2016 hasta 2020.
Tradicionalmente, los Estados Unidos se consideraban la ‘potencia hegemónica’, con la responsabilidad de proteger, capaces de desempeñar la función de organizador institucional y de actuar como faro de la democracia, promoviendo valores democráticos y derechos humanos en un orden internacional que él mismo creó tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
No obstante, la publicación de esta ESN (Estrategia de Seguridad Nacional) demuestra que Estados Unidos ha renunciado por completo a los pilares que cimentaban su proyección internacional a favor de otros nuevos. La lectura general del documento expone la retirada de los Estados Unidos de la esfera global hacia su propio hemisferio occidental y, a su vez, ya no promoverán ni defenderán sus valores en el exterior, sino que se centrarán en la defensa y fortalecimiento de sus intereses destacando el carácter transaccional en el panorama internacional que la Administración Trump ha aplicado desde el inicio de su mandato.
Lo relevante de la estrategia es que, a lo largo de sus 33 páginas, las actividades militares emprendidas por la República Popular China y la Federación Rusa no son mencionadas, así como tampoco hay mención alguna de Corea del Norte. Todo ello es importante ya que los tres países mencionados, que antaño se consideraban el mayor peligro para la Seguridad Nacional, ahora parecen ser tratados con mayor deferencia por la Casa Blanca.
Con todo, la Administración Trump en 3 páginas es capaz de generar un sismo en las ya debilitadas relaciones transatlánticas, es decir, las relaciones entre los Estados Unidos y Europa (también en sus versiones Unión Europea y OTAN). En ellas, Europa no es vislumbrada tanto por su panorama militar o económico, sino que es apreciada desde el plano cultural.
Pero ¿qué supone exactamente esta estrategia para Europa? ¿Cuál es la visión que tienen Trump y su administración sobre Europa? A continuación, se tratará de analizar las diferentes aristas que presenta la ESN hacia Europa.
Entre aranceles y regulaciones anda el juego: El Panorama Económico y Comercial
Para comenzar, los Estados Unidos señalan la pérdida de relevancia del continente europeo en el PIB (producto interior bruto) global que pasa de un 25% en 1990 al 14% hoy en día. Es importante matizar que, si bien Europa ha perdido peso en la economía internacional, lo ha hecho, en parte, debido a que países como China o la India han tenido un ascenso meteórico en el peso de la economía global desde los años 90.
Una de las quejas que más se escuchan desde el otro lado del Atlántico y que están presentes en la ESN es la ‘excesiva regulación nacional y transnacional que reduce la creatividad y la capacidad industrial de Europa’. Este es un punto que hasta los propios europeos están de acuerdo por ello, no es de extrañar que voces importantes en Europa como el antiguo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, publicara en 2024 un informe encargado por la Comisión Europea destinado a señalar las fallas en la competitividad europea y a realizar recomendaciones sobre cómo podrían ser aplicadas las medidas para mejorar en esos aspectos.
Más adelante, los Estados Unidos demandan ‘la apertura de los mercados europeos a productos y servicios estadounidenses, asegurando un trato justo para los trabajadores y comercios estadounidenses’. Las barreras comerciales y el trato injusto hacia los productos americanos justificaron la imposición de un 20% de aranceles al bloque comunitario durante el fatídico “Liberation Day”. Previamente a ello, el 47 presidente de los Estados Unidos declaraba ya sin ningún reparo ‘la Unión Europea fue creada para extorsionar a los Estados Unidos’; declaraciones que llevarían a Europa (Unión Europea y Reino Unido) a la mesa de negociaciones firmando en julio en Escocia un tratado comercial desfavorable para los europeos (pues soportan mayores responsabilidades comerciales y económicas) destinado a apaciguar la ira arancelaria de Donald Trump.
Finalizando con el apartado económico y comercial, una de las áreas todavía pendientes de conquistar completamente en Europa es el apartado tecnológico. Las empresas tecnológicas de Silicon Valley (véase Meta, Apple, Alphabet o X) pese a su gran dominio en el mercado europeo, están siendo penalizadas con multas por incumplir las regulaciones europeas impuestas por la Ley de Servicios Digitales (DSA por sus siglas en inglés) y la Ley de Mercados Digitales (DMA por sus siglas en inglés) destinadas a la protección de los derechos fundamentales de los consumidores y ciudadanos europeos online.
Por ello, tras recibir una multa de 120 millones de euros por el incumplimiento de la normativa europea, Elon Musk (CEO de X y exconsejero del presidente de los Estados Unidos) utilizó su plataforma para expresar su resentimiento ante la “intrusión regulatoria de la UE” en su empresa y reclamar la disolución de la Unión Europea. Además, contaría con la respuesta del expresidente ruso Dmitry Medvedev (2008-2012) confirmando los deseos del magnate sudafricano.

Donde “The Peacemaker” y “The Art of the Deal” confluyen: la Seguridad Europea
En lo relativo a la seguridad del continente, Europa está viviendo su guerra más devastadora desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial en 1945 y, desde la Casa Blanca, correctamente señalan que ‘como resultado de la guerra de Rusia en Ucrania, las relaciones de Europa con Rusia han disminuido considerablemente y muchos europeos consideran a Rusia un enemigo existencial’.
Pese a ello, son relevantes los cuatro párrafos dedicados a Rusia (recordemos, antaño una amenaza para la Seguridad Nacional de Estados Unidos), ninguno de los cuales es crítico ni tampoco señala al Kremlin como principal artífice del conflicto. Es más, los Estados Unidos se erigen como principal mediador entre las tres partes del conflicto, desmarcándose de sus “aliados” europeos y de su responsabilidad en la OTAN, con el fin de ‘restablecer las condiciones de seguridad estratégica a lo largo de la masa continental euroasiática y reducir el riesgo de un conflicto entre los estados europeos y Rusia’.
Esta última declaración nos sirve para poder entender de una vez los movimientos que ha estado haciendo Donald Trump durante su primer año en el cargo, desde su fatídica reunión con el presidente Volodímir Zelenski en febrero, la cumbre bilateral entre las administraciones Trump y Putin en Alaska o los 28 puntos del “plan de paz” que negociaron los enviados del Presidente Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, junto con el asesor enviado por el Kremlin, Kirill Dimitriev.
Cabe destacar que estas acciones no han pasado desapercibidas en Europa donde, cada vez que Donald Trump abrazaba las propuestas y narrativas rusas, han sido los líderes europeos los que han respondido firmemente proporcionando apoyo a Ucrania mediante la “Coalición de la Voluntad” o Coalition of the Willing, la respuesta tardía para el necesario rearme europeo por la aprobación del plan de acción “SAFE” o, por último, la adaptación del plan de 28 puntos negociados entre Estados Unidos y Rusia donde, los europeos proporcionaron una corrección realista a lo que hubiera significado la capitulación de Ucrania a los deseos del Kremlin tras casi 12 años de conflicto en Ucrania.
Por último, la Estrategia de Seguridad Nacional del Gobierno de Trump muestra su negativa ante una posible expansión de la OTAN, ya que pretende ‘acabar con la percepción y prevenir la realidad de una perpetua y expansiva alianza de la OTAN’. En pocas palabras, los Estados Unidos cierran la puerta a la adhesión de Ucrania a la alianza militar, así como la de Georgia (que ya fue invadida previamente por la Rusia de Putin en 2008), nuevamente comprando las reclamaciones que el presidente ruso lleva realizando desde su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007.
¡Es la cultura, estúpido! La cuestión cultural europea
Tal y como se ha mencionado previamente, en esta Estrategia de Seguridad Nacional, Europa es vista con especial preocupación por los Estados Unidos desde el plano cultural. De acuerdo con la Administración Trump, cita textualmente:
"Europa se enfrenta a un real y crudo borrado civilizatorio. Los problemas que Europa enfrenta incluyen actividades de la Unión Europea y otras organizaciones transnacionales que socavan las libertades políticas y la soberanía, políticas migratorias que transforman el continente con posibilidad de crear conflicto, la censura de la libertad de expresión y supresión de la oposición política, índices de natalidad ínfimos y, por último, la pérdida de la identidad nacional y confianza en la nación."
Esta afirmación proveniente de la Casa Blanca es consistente con aquellos argumentos que diferentes miembros de la Administración han ido realizando a lo largo de este año y durante el primer mandato de Trump. Discursos como el del vicepresidente JD Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero, cargando duramente contra los valores y principios compartidos entre Europa y Estados Unidos, junto con el ataque a la libertad de expresión, coinciden con varias de las reclamaciones realizadas en la estrategia.
Por muy preocupante que parezca, todavía no ha llegado lo peor. El documento continúa mostrando la preocupación del Gobierno republicano de que, de llegar a persistir esta tendencia, ‘el continente será irreconocible en 20 años’ y será ‘toda una incógnita si ciertos estados europeos tienen economías y ejércitos suficientemente capacitados para seguir considerándolos aliados’.
Consistentemente con lo anterior, se expone que, ‘en unas pocas décadas, ciertos miembros de la OTAN se convertirán mayoritariamente en “no europeos”. Por tanto, se abre un debate sobre su posición en el mundo, su alianza con los Estados Unidos y si ya los principios firmados en la carta de la OTAN han quedado obsoletos’.
Irónicamente, no está todo perdido para los europeos, porque ‘la diplomacia americana debe continuar en pie, apoyando la democracia, la libertad de expresión y la defensa de la celebración de la historia e identidad europeas’. Así pues, los Estados Unidos se muestran ilusionados y optimistas con el crecimiento de la influencia de los partidos patrióticos en Europa.
No obstante, el optimismo que predica la Administración Trump en la Estrategia de Seguridad Nacional se traduce en pesimismo para el proyecto europeo. Por si hay algún rezagado que no le han parecido preocupantes las afirmaciones provenientes del otro lado del Atlántico, he aquí la traducción: esta es la primera vez que, en un documento oficial, se institucionaliza la interferencia norteamericana en los asuntos internos de Europa. Claramente, los Estados Unidos se alinean con partidos de derecha radical en Europa que promueven visiones extremistas similares.
No sólo estas fuerzas políticas en Europa comparten el sentimiento nacionalista y el conservadurismo social que propaga el movimiento Make America Great Again, sino que todas ellas trabajan codo con codo para dividir Europa y sentenciar el proyecto de integración europeo. La similitud ideológica que se encuentra entre la facción del Partido Republicano de Donald Trump y los partidos de derecha radical en Europa no es casualidad, ya que, en ciertas ocasiones, encuentras a líderes europeos en la Cumbre de Acción Política Conservadora (CPAC por sus siglas en inglés) donde entremezclan ideas para adoptar en sus diferentes contextos.
Detrás de estas narrativas extremas se encuentra Project 2025, la biblia ideológica que articula el movimiento MAGA y America First y, que está realizado por el think tank conservador The Heritage Foundation. Detrás de 922 páginas encontramos nombres como Stephen Miller (asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca) o Peter Navarro (artífice de la caótica política arancelaria de Trump en ambos mandatos) que son parte de la Administración actual.
Expertos en política internacional como Andrés Malamud exponen en sus análisis la existencia de ‘una convicción política firme de defender una identidad cultural más allá de los hechos’ donde, el objetivo verdadero de Trump y su Administración es apoyar una grande y amplia agenda conservadora radical, basada en el nacionalismo étnico que sirve como punta de lanza para justificar o determinar el futuro apoyo a Europa en caso de no tomar en serio sus advertencias previamente mencionadas.
¿A qué se enfrenta verdaderamente Europa?
Resumiendo lo expuesto anteriormente, Europa se enfrenta a un empequeñecimiento en términos económicos en cuanto al PIB global, una reducción demográfica por la baja tasa de natalidad y, además, lo peor es que se divide internamente restándole fuerzas y unidad para poder responder no sólo al desafío migratorio proveniente del sur, o el enemigo de su frontera este, sino al que un día fue su mayor aliado proveniente del otro lado del océano.
Aunque la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, asegure que ‘Estados Unidos sigue siendo nuestro mayor aliado’, se ha demostrado por activa y por pasiva el deseo de ver una Europa dividida, desorganizada e incapaz de proporcionar una respuesta de manera conjunta.
El proceso será lento, pero las fuerzas conservadoras que lideran Estados Unidos hoy en día tratan de destruir y desmantelar una de las organizaciones internacionales que todavía cree en el imperio de la ley, en los derechos humanos y en el derecho internacional, pilares que hoy en día están siendo vulnerados por la Administración que controla la Casa Blanca.
Si en el proyecto europeo se basa en la “unión hace la fuerza”, en Estados Unidos reina el transaccionalismo y el bilateralismo enfocados a la voluntad de una Unión Europea dividida donde, en vez de negociar con el bloque de los 27 donde la balanza de poder se equilibra, se negociaría Estado por Estado otorgándole un mayor poder de negociación y capacidad para imponer su voluntad a los estados europeos.
El único camino que Europa debe seguir fue establecido por uno de sus padres fundadores, Jean Monnet, que ya argumentaba en su momento “solos podemos hacer muy poco, pero juntos podemos hacer mucho”. El padre fundador de la Unión Europea interpretó que la unión es esencial, observándola como la forma de superar divisiones nacionales y construir una Europa más fuerte a través de objetivos políticos y económicos comunes con el fin de caminar hacia una identidad europea común.




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