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Estados Unidos domina el diálogo entre Ucrania y el Kremlin

  • 6 dic 2025
  • 3 min de lectura

Sofía Pizarro Muñoz


Tras meses de desgaste militar y creciente presión internacional, la guerra entre Ucrania y Rusia ha entrado en una fase decisiva marcada por un renovado impulso diplomático liderado por Estados Unidos. Washington ha puesto sobre la mesa un plan de paz que exige profundas concesiones y ha intensificado contactos con Moscú y Kiev, pero las diferencias siguen siendo enormes. La reunión de este fin de semana entre los enviados estadounidenses y Vladimir Putin evidenció que, aunque hay diálogo, el conflicto está lejos de resolverse.


Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, y Friedrich Merz, canciller alemán en la Cancillería de Berlín. / AFP.


En los últimos meses, la guerra entre Rusia y Ucrania ha entrado en una nueva fase, marcada por la creciente implicación de Estados Unidos en las negociaciones y en el suministro de ayuda militar. A pesar de que el conflicto comenzó en 2022 con la invasión rusa del territorio ucraniano, la situación sigue sin resolverse y las ofensivas, los ataques con drones y los bombardeos continúan a diario. Rusia ha intensificado sus operaciones en varias zonas fronterizas, especialmente en el este, y mantiene el control de parte del Donbás y otras regiones que considera estratégicas.


No obstante, la aparición de Estados Unidos como el principal apoyo de Ucrania, tanto en el plano militar como en el diplomático, parece plantear una nueva situación política. Durante 2025, Washington ha intentado reorientar su estrategia. Por un lado, mantiene el envío de armas y fondos a Kiev; por otro, ha empezado a promover un plan de paz que pretende acercar posiciones entre las partes. Esta doble vía refleja una intención de sostener la defensa ucraniana, pero también de buscar una salida política al conflicto. Detrás de este cambio, se encuentra la presión interna en Estados Unidos por reducir el gasto en una guerra que se percibe lejana y el deseo del nuevo gobierno estadounidense de recuperar protagonismo en la escena internacional a través de la mediación.


Reunión entre el presidente ucraniano y Donald Trump, presidente estadounidense, en el Despacho Oval este verano. / Reuters.


En las últimas semanas, se han producido varias reuniones clave. A finales de noviembre, representantes de Estados Unidos y Ucrania se reunieron en Florida para revisar las propuestas del plan de paz estadounidense. El borrador inicial sugería posibles concesiones territoriales por parte de Ucrania, lo que provocó un fuerte rechazo tanto en Kiev como entre sus aliados europeos. El enviado especial de Washington, Steve Witkoff, viajó a Moscú acompañado de Jared Kushner para presentar el plan directamente a Vladimir Putin. El Kremlin calificó las conversaciones de “constructivas”, pero dejó claro que son inaceptables varios de los puntos propuestos, sobre todo los que implican límites a su control en el este de Ucrania.


Putin ha mantenido un discurso firme, dice no buscar la guerra con Europa, pero asegura estar preparado para continuarla si las negociaciones fracasan. En paralelo, ha ordenado nuevas ofensivas en el frente oriental y reforzado su presencia militar en las regiones que denomina “Nueva Rusia”. Mientras tanto, los ataques con drones y misiles sobre ciudades ucranianas, como Kiev, se han intensificado en los últimos días, dejando víctimas civiles y daños en infraestructuras energéticas.


Mientras tanto, Europa observa estas maniobras con cautela. Algunos gobiernos temen que el plan de Washington favorezca los intereses de Moscú o que, en nombre de la paz, se acabe sacrificando la soberanía ucraniana. Emmanuel Macron ha expresado públicamente su preocupación por una posible “traición” a Ucrania si Estados Unidos decide aceptar concesiones territoriales como parte del acuerdo. Ucrania, por su parte, insiste en que cualquier negociación debe basarse en el respeto absoluto a sus fronteras reconocidas internacionalmente.


Aún, no hay avances concretos hacia un acuerdo. Las conversaciones diplomáticas se mantienen abiertas, pero el terreno militar sigue activo y el frente político se encuentra dividido. Washington busca una salida que evite una escalada y refuerce su papel como mediador global, mientras que Moscú pretende aprovechar las tensiones internas de Occidente para consolidar su dominio territorial. Kiev, en el centro de todo, continúa resistiendo, consciente de que cualquier concesión podría significar una pérdida irreversible de su soberanía. En resumen, la guerra no ha terminado: solo ha cambiado de ritmo, con las armas aún en pie y la diplomacia intentando, sin éxito por ahora, imponer una tregua que nadie parece dispuesto a aceptar del todo.

 
 
 

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