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España y Marruecos: Un nuevo plan de cooperación

  • 9 dic 2025
  • 4 min de lectura

Sofía Pizarro Muñoz


España y Marruecos se han reunido esta semana en Madrid para reforzar su relación bilateral en un momento clave. Ambos gobiernos buscan consolidar su cooperación en materias como migración, seguridad, economía y energía, y al mismo tiempo escenificar una etapa de estabilidad tras años de tensiones diplomáticas. La cumbre llega después de que España reafirmara su apoyo al plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, un gesto que ha redefinido la relación entre los dos países y que ahora se traduce en nuevos acuerdos y compromisos estratégicos.


Pedro Sánchez, presidente español, y Aziz Ajanuch, jefe del Gobierno marroquí, durante la ceremonia de bienvenida antes de la reunión de alto nivel entre ambos países, este jueves en el Palacio de La Moncloa. / El País.


España y Marruecos atraviesan uno de los momentos diplomáticos más determinantes de los últimos años. La XIII Reunión de Alto Nivel, celebrada en Madrid la semana pasada, ha servido para consolidar una nueva etapa en la relación entre ambos países, marcada por la cooperación económica, la seguridad y la gestión migratoria, pero también por un trasfondo político que genera debate, como el respaldo del Gobierno español al plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental.


Durante la cumbre, se firmaron catorce acuerdos bilaterales en áreas como agricultura, pesca, energía, digitalización, igualdad de género, seguridad y cooperación judicial. Además, se contó con la presencia del presidente del Gobierno español y del primer ministro marroquí, y fue calificado por ambos como “una muestra de la madurez y fortaleza” de la relación entre los dos países. La agenda oficial hizo hincapié en la necesidad de reforzar la colaboración en materia migratoria, especialmente en el control de flujos irregulares y la lucha contra las mafias que operan en el Estrecho y el Atlántico. Marruecos, que actúa como país de tránsito para miles de personas que intentan llegar a Europa, se ha convertido en un socio esencial para España en esta materia.


Sin embargo, más allá de la cooperación práctica, la cumbre ha estado marcada por la cuestión del Sáhara Occidental, un tema históricamente sensible. España, antigua potencia administradora del territorio, reafirmó su apoyo al plan marroquí que propone una autonomía bajo soberanía de Rabat, un enfoque que ha recibido recientemente el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. El Gobierno español considera que esta vía es “la más realista y creíble” para resolver un conflicto que lleva décadas sin solución. Esta posición, que ya había sido adoptada en 2022, se consolida ahora de manera definitiva, alineando a España con la tesis marroquí y distanciándola de las demandas del Frente Polisario, que reclama un referéndum de autodeterminación.


La decisión no ha estado exenta de polémica. Diversos sectores políticos y sociales han criticado el apoyo a Marruecos, argumentando que España está abandonando su responsabilidad histórica y cediendo ante las presiones de Rabat. El grupo Sumar, socio del Gobierno, decidió no participar en la reunión bilateral, en señal de desacuerdo con la política exterior en este asunto. También han surgido voces críticas desde organizaciones saharauis y movimientos de solidaridad, que consideran que España está legitimando una ocupación contraria al derecho internacional.


Otro de los puntos que genera inquietud es la posible negociación sobre la delimitación marítima entre Marruecos y las Islas Canarias. En la cumbre, las partes reconocieron la necesidad de buscar “soluciones imaginativas” en este ámbito, lo que ha despertado preocupación en el archipiélago. Marruecos ya amplió unilateralmente en 2020 su zona económica exclusiva en aguas que se solapan con las españolas, y existen temores de que la cooperación actual derive en concesiones territoriales o en la pérdida de control sobre zonas ricas en recursos naturales. Aunque el tema no figuraba en la agenda formal, fuentes diplomáticas admiten que sigue siendo una cuestión pendiente que ambos gobiernos deberán abordar.


La importancia de esta relación trasciende el plano bilateral. España es uno de los principales socios comerciales de Marruecos y el primer destino de sus exportaciones hacia Europa. Además, el país magrebí desempeña un papel crucial en la política migratoria de la Unión Europea, actuando como frontera avanzada en el control de las rutas africanas hacia el continente. Por ello, Bruselas sigue de cerca los movimientos entre Madrid y Rabat, consciente de que cualquier ruptura podría tener consecuencias directas en la gestión migratoria, la seguridad y el comercio en todo el Mediterráneo occidental.


El trasfondo geopolítico también es relevante. Marruecos llega a esta cumbre fortalecido diplomáticamente tras el reconocimiento de su plan autonómico por parte de Estados Unidos y, ahora, por el Consejo de Seguridad de la ONU. Con ese respaldo internacional, Rabat se siente en posición de ventaja para exigir compromisos más firmes a sus socios europeos. España, por su parte, busca mantener la estabilidad con su vecino del sur, consciente de que una crisis diplomática como la de 2021 (cuando Marruecos permitió la entrada masiva de migrantes en Ceuta tras la hospitalización en España del líder del Polisario) tendría efectos inmediatos.


A corto plazo, se prevé que ambos países profundicen su cooperación económica y de seguridad. Sin embargo, los analistas advierten de que la relación sigue siendo asimétrica. Marruecos tiene una gran capacidad de presión gracias a su papel en el control migratorio y a su posición estratégica en el norte de África. España, aunque potencia europea, depende en gran medida de esa colaboración para evitar crisis fronterizas o flujos migratorios descontrolados.


En el horizonte quedan varios temas pendientes: la delimitación marítima en torno a Canarias, el futuro de Ceuta y Melilla, y la gestión del Sáhara Occidental. La estabilidad diplomática actual podría verse comprometida si alguno de estos asuntos se reabre con fuerza. Por el momento, el Gobierno español insiste en que la relación con Marruecos es “estratégica, prioritaria y constructiva”, pero lo cierto es que esa estabilidad descansa sobre un delicado equilibrio entre intereses económicos, control migratorio y concesiones políticas.


La evolución de esta relación marcará el papel de España en el norte de África y su capacidad para influir en la política mediterránea. Lo que ocurra en los próximos meses será clave no solo para la frontera sur, sino también para la credibilidad internacional de España, su cohesión política interna y su posición dentro de la Unión Europea.

 
 
 

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