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Coalition of the willing: Por Ucrania y por el futuro de Europa

  • 29 ene
  • 11 min de lectura

Jordi Pascual Pérez


Siempre que estalla una nueva crisis en Europa y nos preguntamos por qué se suele reaccionar tarde y mal, no está de más recurrir a las palabras de uno de los padres fundadores de la Unión Europea, Jean Monnet: “Europa se forjará en las crisis”. Dicho y hecho: la crisis financiera y económica entre 2008-2016 llevaron a la Unión Europea a hacer lo que sea necesariopara preservar y profundizar en la Unión Económica y Monetaria, la pandemia del Covid-19 obligó a la activación de los fondos NextGenerationEU para impulsar la recuperación de una Europa devastada económicamente tras la grave crisis de salud y, por último, el Viejo Continente se enfrenta a un desafío geopolítico mayúsculo: la Guerra de Ucrania y la defensa del continente ante la amenaza de Rusia


Así pues, tras casi 4 años de conflicto, 19 paquetes de sanciones por aquí, 132 mil millones más los recientes 90 mil millones de euros en donaciones por allá y la entrada de Donald Trump 2.0 en la Casa Blanca, Europa se ha estado poniendo manos a la obra durante 2025 para poder responder a la nueva realidad geopolítica que se avecina desde el este como también del oeste. 


Como se ha podido comprobar, 4 años de operación militar especial” no pueden cesar en 24 horas tan sencillamente como alardeaba el presidente Trump en campaña, sino que la complejidad estructural del conflicto entre Rusia y Ucrania obliga a que todas las partes involucradas se sienten en la mesa de negociaciones y el arte de la diplomacia haga su efecto. No obstante, el hecho de que Putin y sus enviados estén empleando el manual soviético de negociación de la Doctrina Gromyko —maximalización de las reclamaciones, negativa a conceder cesiones y amenazas repetitivas— no ayuda a que se avance hacia la solución del conflicto. 


Mesa de negociación entre Rusia y Ucrania en Bielorrusia. / Lu Jinbo, Europa Press.


A pesar de las estrategias de negociación rusas, es cierto que durante 2025 se han producido diversos avances en la resolución del conflicto, pues se han celebrado múltiples reuniones de alto nivel entre los involucrados, que, sin embargo, no invitan para nada al optimismo. La vergonzosa reunión entre Trump y Zelenskyy en febrero, la Cumbre de Alaska entre Trump y Putin en agosto y el “Plan de paz de 28 puntos” elaborado por los enviados estadounidenses que parecían estar al servicio de los deseos maximalistas del Kremlin son algunos ejemplos que podemos encontrar. 


Dejando la negatividad de lado, el único actor que ha parecido entender—por fin— la gravedad de la cuestión ucraniana ha sido Europa. Una Europa que acudió en socorro de Ucrania tras la Cumbre de Alaska viajando a Washington para explicarle, de nuevo, a Trump la importancia de proteger a Ucrania de la agresión rusa, una Europa que corrigió conjuntamente con Ucrania el plan de paz presentado por la delegación norteamericana liderada por los usuales Jared Kushner y Steve Witkoff, y una Europa que ante la negativa de Estados Unidos y Rusia de utilizar la OTAN para ofrecer “garantías de seguridad” en Ucrania, sus líderes se han unido para formar “La Coalición de la Voluntarios” o Coalition of the Willing en inglés. 


Una Nueva Esperanza en Europa: La Coalition of the Willing


La Cumbre de París del 6 de enero de 2026 consolidó políticamente el proyecto de arquitectura de seguridad multinacional para Ucrania desarrollado por los miembros de la coalición. Esta Coalition of the Willing no es sólo un proyecto conformado por estados europeos, sino que Canadá o Australia también se han mostrado favorables a participar en misiones de mantenimiento de la paz o de apoyo militar sostenido


Con ello, la presencia de 27 líderes de máximo nivel subrayó la importancia de la cumbre para mostrar un acercamiento entre las posiciones sostenidas por Washington, Kiev y sus aliados europeos. Porque sí, Estados Unidos estuvo presente a través de Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes respaldaron el proyecto liderado por Sir Keir Starmer (Reino Unido), Friedrich Merz (Alemania) y Emmanuel Macron (Francia). 


Líderes mundiales y asistentes reunidos en la Cumbre de París del 6 de enero de 2026. Autoría: Pool Moncloa / Fuente: Gobierno de la República de Eslovenia


El objetivo principal de esta Cumbre fue establecer un compromiso para ofrecer una arquitectura de disuasión multinacional y de apoyo institucionalizado que otorgaría a Ucrania las garantías de seguridad vigentes para evitar una nueva invasión rusa tras un acuerdo de alto el fuego. Con el Memorándum de Budapest de 1994 más que enterrado tras el intento de intervención rusa en la Revolución Naranja de 2004, el Euromaidán y la anexión de Crimea en 2014 y el inicio de la “operación militar especial” en febrero de 2022; las necesidad de unas garantías de seguridad son vitales para el futuro de Ucrania pues garantizarían la soberanía y la independencia del Estado ucraniano tras años—básicamente desde su independencia— de hostigamiento ruso. 


Los pilares fundamentales de las garantías de seguridad


La Declaración de París dejó claro el liderazgo de Reino Unido y Francia en esta misión, pues ambas naciones se comprometieron al despliegue de tropas terrestres (fuentes militares británicas estiman un despliegue de entre 7.000 y 10.000 soldados) en suelo ucraniano que se situarían al oeste del río Dnipro actuando como fuerza de disuasión en caso de que Rusia reiniciara las hostilidades tras el alto el fuego. La propia España, con Pedro Sánchez a la cabeza, ha mostrado también su disposición al envío de las fuerzas armadas a Ucrania


Otras naciones apuestan por un rol diferente, como es el caso de Alemania y Polonia, que indicaron su preferencia por estacionar tropas en territorio de la OTAN aportando recursos de inteligencia y vigilancia a las tropas en Ucrania. La Italia de Meloni, si bien es una fuerte defensora de la causa ucraniana, emitió un comunicado reiterando su negativa a llevar a sus fuerzas armadas a suelo ucraniano. Por último, la Turquía de Erdoğan, con el segundo ejército más grande de la OTAN, se comprometió al mantenimiento de la seguridad del mar Negro, donde se han producido batallas importantes (Isla de las Serpientes, ataques al cuartel general de la Marina rusa Sebastopol) y es un área crucial para la exportación de grano ucraniano y ruso. 


Los compromisos de los estados son volátiles conforme al estado del alto el fuego y más estados se comprometerán al envío de tropas para el mantenimiento de la paz que, de ser ese el caso, se aprovecharán de los hubs militares” que británicos y franceses pretenden instalar con el fin de, por un lado, hacer las veces de base de entrenamiento y reorganización del ejército ucraniano y, por otro, servirán de instalaciones de mantenimiento de equipos y producción de armamento


También se incluye la creación de una comisión especial para determinar las violaciones del alto el fuego, atribución de responsabilidades y determinación de remedios o castigos inmediatos contra el agresor. 


Por último, a diferencia del apoyo previo, las garantías de seguridad planteadas buscan ser estructuradas, multinacionales y duraderas, haciendo que estos compromisos obtengan una ratificación parlamentaria. De esta manera, los compromisos serán enviados a los respectivos parlamentos nacionales para ratificarlos, otorgándoles una validez similar a la de un tratado. 


El Águila que vigila desde los cielos: el rol de Estados Unidos en la nueva seguridad ucraniana


La garantía principal de Estados Unidos no implica el despliegue de tropas terrestres en Ucrania, algo que Washington ha descartado explícitamente en reiteradas ocasiones. En su lugar, la Casa Blanca pretende asumir unas funciones de respaldo estratégico y supervisión técnica a las fuerzas multinacionales lideradas por Europa. 


“Vale, pero ¿Y esto cómo se come?”

Según Reuters, el borrador del plan de paz negociado en París cuenta con el compromiso de Estados Unidos de intervenir si Rusia lanzara una nueva agresión contra Ucrania tras el alto el fuego; además, este respaldo incluiría el uso de potencia aérea estadounidense, apoyo logístico y tecnología avanzada para defender Ucrania y las tropas europeas desplegadas. 


Teniendo en cuenta la abrumadora superioridad tecnológica del Tío Sam, comprobada en marzo cuando Trump decidió pausar el intercambio de inteligencia y toda ayuda económica y militar a Ucrania, Estados Unidos será el líder de la comisión especial para supervisar y verificar el alto el fuego mediante sus sistemas de inteligencia y satélites de última generación para monitorear el cumplimiento de los acuerdos. 


De la misma manera, se encargará de señalar infracciones, atribuir responsabilidades, detectar posibles ataques de falsa bandera—tanto americanos (Cuba-1898) como rusos (Finlandia-1939) tienen amplia experiencia en el sector— que sirvan como pretexto para reanudar las hostilidades


Aun así, debemos tener en cuenta quiénes ocupan la Casa Blanca y la hostilidad de la que se caracterizan Trump y los suyos hacia Europa. Una Europa que ya se ha arrodillado en múltiples ocasiones ante Estados Unidos durante 2025, ejemplos como la tibia respuesta de los aranceles que llevó a la firma del desigual Tratado comercial entre Estados Unidos y Europa en Escocia o el compromiso de aumentar el gasto en defensa (a Trump razón no le falta aquí) a un 5% del Producto Interior Bruto anual. En caso de que Estados Unidos “cambie de opinión”, las naciones europeas se enfrentan al grave desafío de cerrar una enorme brecha estratégica ante una retirada de Estados Unidos del terreno. La estrategia propuesta por la Comisión Europea, denominada ReArm Europe/Readiness 2030, pretende abordar las debilidades y limitaciones europeas en materia de defensa y reducir la enorme dependencia de los Estados europeos en la importación de armas estadounidenses, representando un 64% entre 2020 y 2024. 


Steve Witkoff (izquierda) y Jared Kushner (derecha) en la Cumbre de París del 6 de enero de 2026. Ludovic Marin/ AFP


¿Y por qué no actúa la OTAN o las Naciones Unidas? La compleja realidad sobre el terreno


“Pero si ya existe la OTAN como estructura de seguridad para defender a Europa, ¿para qué se crea otra alianza aparentemente similar?” 

Bienvenidos a la realidad de la política internacional, donde todos están de acuerdo en pertenecer a una alianza común, pero pocos son los que están dispuestos a dejar a sus intereses de lado para servir a una causa mayor. La Coalición de Voluntarios opera fuera del marco formal de la OTAN para evitar la paralización política interna de la alianza y para evitar una mayor escalada militar con el Kremlin. 


Principalmente, de esta forma se neutraliza a la oposición prorrusa de Viktor Orbán (Hungría) y Robert Fico (Eslovaquia) que ejercía el veto para bloquear medidas que pudieran provocar a Vladimir Putin y se agiliza el proceso de toma de decisiones para actuar sin impedimentos de aquellos estados que no quieran verse envueltos en la misión. 


Seguidamente, se “acatan los deseos rusos” de no operar bajo el mandato oficial de la OTAN, ya que se traspasaría una línea roja que escalaría el conflicto a cotas mayores de hostilidad. La coalición multinacional ofrece un mecanismo más flexible de responsabilidad en comparación con el uso de fuerzas de la OTAN, en el que, en caso de ser atacadas por Rusia, se activaría automáticamente el Artículo 5 del Tratado de Washington


Viendo que la adhesión ucraniana a la Organización del Tratado del Atlántico Norte es inviable, pues Rusia lo vería como una declaración de guerra y Estados Unidos no está por la labor de aceptarlo, la coalición pretende otorgar una vía a Ucrania para que reciba unas creíbles y estructuradas garantías de seguridad (anteriormente explicadas) sin necesidad de ingresar explícitamente en la Alianza de defensa. 


“¿Y qué me dices de las Naciones Unidas? ¿por qué no se utilizan para resolver el conflicto? ¿dónde queda la organización para el ‘mantenimiento por la paz y seguridad internacionales’ aquí?”

Dentro de los planes de seguridad para Ucrania, la función de las Naciones Unidas (ONU) no es la de un actor ejecutor central, sino que se erige como el marco de legalidad internacional bajo el que se construye la arquitectura de seguridad ucraniana post-alto el fuego. Los líderes europeos han invocado repetidamente los principios de la Carta de las Naciones Unidas para legitimar sus acciones y criticar la postura de otras potencias


Desde el Palacio del Elíseo (sede presidencial del Presidente de la República Francesa) y desde el Nº 10 de Downing Street (residencia del primer ministro británico) han subrayado que la seguridad debe alcanzarse “manteniendo los principios de la Carta de las Naciones Unidas en un contexto actual de transgresión de los valores y principios establecidos en la Carta por las acciones unilaterales de múltiples actores en la escena internacional. 


Sin embargo, desde los sectores de la extrema izquierda se escuchan las voces más reacias sobre lo que esta nueva arquitectura de seguridad supondría. Ejemplos como la reacción de la secretaria general de Podemos ante la posibilidad del envío de tropas a Ucrania demuestran la incomprensión de la situación y la ceguera ideológica en cuestiones de política internacional que su partido abandera. Por parte de Die Linke (La Izquierda en alemán) se sostiene que el “camino correcto” no es una fuerza liderada por países de la OTAN, sino una misión de paz dirigida por las Naciones Unidas


Esta misión que Sören Pellmann, líder de Die Linke, propone debería estar compuesta en su mayoría por tropas de países neutrales y estados de los BRICS, ofreciendo una garantía de paz más “creíble y aceptable” para ambos actores principales del conflicto. 


A ojos de cualquiera, la mediación de las Naciones Unidas en Ucrania puede sonar razonable e incluso coherente, pues esta organización que se creó para el “mantenimiento de la paz y seguridad” ya destaca por sus misiones de paz repartidas por diferentes partes del mundo. Pero, tristemente, el órgano encargado de determinar un despliegue de tal calibre es el Consejo de Seguridad, (Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Rusia y China tienen derecho a vetar resoluciones) donde, de 4 años de guerra, no se ha aprobado ninguna resolución vinculante que produzca una condena explícita a la acción rusa o suponga una acción que derive en el fin de las hostilidades


El motivo de ello es que es la Federación Rusa la que ejerce su derecho de veto cada vez que se trata de aprobar una resolución en contra de sus intereses, al igual que lo han hecho los Estados Unidos con cualquier resolución en contra del Estado de Israel. Por tanto, la Organización de las Naciones Unidas es una vía bloqueada que impediría la agilidad operativa de la misión en Ucrania. 


No todo es oro lo que reluce: la voluntad rusa y el rearme europeo 


Si hay algún Estado al que no le está sentando bien el debate sobre la defensa de Europa y la arquitectura de seguridad de Ucrania es a la Rusia de Vladímir Putin que, tras la Cumbre de París, elevó el tono advirtiendo que el ‘despliegue de unidades militares, instalaciones, depósitos e infraestructura occidental en suelo ucraniano’ será visto como una ‘intervención extranjera’ y, por tanto, serán considerados como ‘objetivos de combate legítimos’ para el ejército ruso. 


Moscú culpa al “Eje de Guerra” —el Eje del Mal versión Rusia— de mostrarse como obstáculo para la paz y no tener en cuenta los términos que reclama el Kremlin. Unos términos basados en el control total de las regiones ocupadas, la ausencia absoluta de fuerzas extranjeras en Ucrania y el rechazo a la adhesión ucraniana a la OTAN, entre otros. 


El elefante en la habitación de la defensa europea por fin ha entrado en el debate público y, desde Bruselas, se ha dado luz verde para lograr la deseada ‘autonomía estratégica’ en materia de seguridad y defensa. Tan solo analizar los deberes, retos y dilemas a los que se enfrenta la Unión Europea para avanzar hacia una Comunidad de la Defensa bastaría un artículo aparte ya que, contrario a lo que la gente piensa, no es tan sólo invertir en tanques, aviones de combate o fusiles de asalto (que también); sino lograr responder a las carencias tecnológicas, carencias de mano de obra, falta de estandarización de material militar, falta de concienciación de la ciudadanía y muchas otras cosas más que, en este análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos se detalla con mayor precisión


Para finalizar, la estructura de seguridad propuesta por los europeos en nombre de la Coalition of the Willing no tendrá vigencia ni fuerza alguna si Vladímir Putin y los suyos no se sientan a negociar el cese de las hostilidades con todas las partes del conflicto (véase Ucrania y Europa). Estados Unidos podrá lavarse las manos y tomar la posición de mediador del conflicto si así Trump lo desea, pero la realidad es que si ni estadounidenses, ni europeos ni ucranianos formamos un frente unido contra los agresores del Kremlin, jamás se forzará a que Putin negocie el fin del polvorín en el que se está convirtiendo Ucrania. Mostrarse “unidos frente a la adversidad va ligado al ADN europeo; es trabajo de todos hacerlo una vez más


 
 
 

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