Chile gira a la derecha: Unas elecciones marcadas por la polarización, la seguridad y el fin de un ciclo político
- 27 dic 2025
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Sofía Pizarro Muñoz
Las elecciones presidenciales chilenas de 2025 han supuesto un punto de inflexión en la historia reciente del país. Con una alta participación impulsada por el voto obligatorio y un clima social marcado por la inseguridad y el desgaste del gobierno progresista, la victoria de José Antonio Kast simboliza un giro político profundo cuyas consecuencias se dejarán sentir tanto en la política interna como en el papel de Chile en América Latina y en el escenario internacional.

Las elecciones de Chile en 2025 han marcado un punto de inflexión en la política del país, cerrando un ciclo de gobiernos de izquierda y centroizquierda con un claro giro hacia una derecha más conservadora y dura en el discurso político, en un contexto de fuerte polarización social y preocupaciones ciudadanas sobre seguridad, migración y crisis económica.
El proceso comenzó con la primera vuelta celebrada el 16 de noviembre de 2025, en la que una pluralidad de chilenos acudieron masivamente a las urnas gracias a la reciente reinstauración del voto obligatorio y la inscripción automática, medidas que aumentaron el número de votantes de manera sustancial respecto a elecciones anteriores.
La carrera presidencial se ha presentado fragmentada, con ocho candidatos registrados y ninguna fuerza obteniendo mayoría absoluta en la primera vuelta. La izquierda, organizada en torno a la coalición Unidad por Chile, situó en primer lugar a Jeannette Jara (ex ministra de Trabajo y figura del Partido Comunista), mientras que la derecha también consiguió un desempeño destacado con figuras como José Antonio Kast, del Partido Republicano, y otros candidatos conservadores o centroderechistas como Johannes Kaiser y Evelyn Matthei.
Aunque Jara lideró la primera vuelta, la mayoría de votos de los candidatos eliminados tendieron a converger en favor de Kast para la segunda vuelta, programada para el 14 de diciembre. En ella, Kast obtuvo una victoria clara con aproximadamente 58 % de los votos frente al 42 % de Jara, consolidándose como presidente electo y poniendo fin al ciclo iniciado con la elección de Gabriel Boric en 2021. José Antonio Kast es una figura política que ha construido su carrera en torno a un discurso conservador marcado por la defensa del orden público, el combate a la delincuencia y una política migratoria estricta. Su plataforma incorpora propuestas de recorte del gasto público, reducción de impuestos y un enfoque rígido en materia de seguridad ciudadana. Su historial ideológico incluye admiración por el régimen de Augusto Pinochet, lo que ha generado fuertes debates y preocupaciones sobre el retorno de corrientes políticas autoritarias en un país que vivió bajo la dictadura hasta 1990.
Por su parte, Jeannette Jara representaba la continuidad de las políticas progresistas, una orientación hacia la ampliación de derechos sociales, fortalecimiento de servicios públicos y una postura más abierta en temas de inclusión. Sin embargo, las tensiones internas en la coalición de izquierda y la fragmentación del voto dificultaron su acceso a la presidencia.
El triunfo de Kast no se limitó al Ejecutivo. Las elecciones legislativas, realizadas de manera simultánea, reflejaron también un avance significativo de los bloques de derecha y ultraderecha en el Congreso, aunque sin alcanzar una mayoría absoluta clara. Esto plantea un escenario de gobernabilidad en el que el nuevo presidente necesitará negociar con diversas fuerzas para impulsar su agenda legislativa.
El significado de estas elecciones va más allá de la geografía chilena. El resultado se inscribe en una tendencia más amplia en Hispanoamérica, donde fuerzas conservadoras y populistas han ganado terreno ante electorados frustrados por la inseguridad, la economía y la percepción de ineficacia de los gobiernos tradicionales. Analistas internacionales han comparado este fenómeno con el ascenso de líderes como Jair Bolsonaro en Brasil o Javier Milei en Argentina, lo que sugiere un reposicionamiento ideológico de la región hacia la derecha. Además, el cambio de rumbo en Santiago puede tener implicaciones globales en áreas como la diplomacia regional, la relación con potencias como Estados Unidos y China, y especialmente en sectores económicos estratégicos. Chile es un actor clave en el “triángulo del litio”, fundamental para la transición energética global, y la orientación de su política exterior y económica bajo la administración Kast podría influir en alianzas y decisiones de inversión extranjeras.
Las elecciones de 2025 han sido, en definitiva, un momento definitorio para Chile. Una especie de ejercicio democrático con elevada participación, un giro ideológico notable y un mensaje claro de la ciudadanía sobre sus prioridades (seguridad, orden y economía), al tiempo que el país se prepara para una nueva etapa bajo un liderazgo que promete cambios profundos y que será observado de cerca por la comunidad internacional.




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