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13 de diciembre, el día que Malta dejó de mirar a Londres y miró hacia su propia nación

  • 13 dic 2025
  • 4 min de lectura

Sofía Pizarro Muñoz


El 13 de diciembre de 1974, Malta dio su último paso hacia la soberanía al proclamarse república y poner fin a su vínculo con la monarquía británica. Diez años después de obtener la independencia, la isla consolidó así su plena autonomía política y cerró más de un siglo y medio de tutela colonial. Aquel día, el Parlamento maltés transformó el joven Estado en una república parlamentaria con un presidente propio, marcando el nacimiento definitivo de una nación libre.


Anthony Mamo, último gobernador general (segundo a la izquierda), y Dom Mintoff (tercero a la izquierda), primer ministro maltés.


Malta conmemora cada 13 de diciembre el Día de la República, una jornada que simboliza el cierre definitivo de su dependencia del Reino Unido y el nacimiento de una nación plenamente soberana. Ese día, en 1974, el Parlamento maltés aprobó una nueva Constitución que transformó al país en una república parlamentaria, con un presidente elegido por la cámara legislativa como jefe de Estado. La medida puso fin al sistema de monarquía constitucional que se había mantenido durante la década posterior a la independencia y convirtió a Anthony Mamo, hasta entonces gobernador general, en el primer presidente de la República de Malta.


La independencia había llegado diez años antes, el 21 de septiembre de 1964, cuando Malta dejó de ser una colonia británica tras más de siglo y medio bajo dominio de Londres. El país obtuvo entonces el reconocimiento internacional como Estado soberano y pasó a ser miembro de la Commonwealth, pero conservó la figura de Isabel II como jefa de Estado simbólica, representada por un gobernador general en La Valeta. A pesar de que la bandera maltesa ondeó por primera vez como símbolo de libertad, la presencia militar británica continuó en la isla y el Reino Unido mantuvo una influencia considerable en la política, la economía y la defensa del nuevo Estado.


Durante esa primera década de independencia, Malta atravesó una transición compleja. El país, que había sido una base naval estratégica del Imperio Británico, debía redefinir su economía y su identidad política en medio de un contexto internacional marcado por la Guerra Fría y la descolonización. La sociedad maltesa vivía dividida entre quienes defendían la continuidad dentro del marco de la Commonwealth y quienes exigían una ruptura total con las estructuras coloniales. La llegada al poder del Partido Laborista de Dom Mintoff en 1971 aceleró ese cambio. Mintoff impulsó una política exterior más autónoma, amplió las relaciones diplomáticas con países del bloque no alineado y promovió una reforma constitucional que desembocó, tres años más tarde, en la proclamación de la república.


El 13 de diciembre de 1974, el Parlamento aprobó por unanimidad la modificación de la Constitución y Malta se convirtió oficialmente en una república. La reina dejó de ser la jefa de Estado, el cargo de gobernador general fue suprimido y se instauró la figura del presidente de la República como símbolo de unidad nacional. La transición se llevó a cabo sin conflictos ni tensiones graves, lo que consolidó la estabilidad política del país y fortaleció su imagen en el exterior.


El cambio de sistema político no supuso una salida de la Commonwealth. Malta decidió permanecer en la organización, pero con una voz independiente, al mismo nivel que otros Estados miembros. A partir de entonces, la política exterior maltesa se centró en consolidar su posición en el Mediterráneo, defendiendo la neutralidad y fomentando la cooperación con sus vecinos europeos y africanos. La nueva república apostó por un modelo de Estado social y neutral, reforzando sus instituciones democráticas y adaptando su economía a un modelo más diversificado, menos dependiente del gasto militar británico.


Cinco años después de la proclamación republicana, el 31 de marzo de 1979, se produjo el último paso hacia la soberanía plena con la retirada definitiva de las tropas británicas de la isla. Aquel día, conocido como el Día de la Libertad, marcó la desaparición de toda presencia militar extranjera en el territorio maltés. La base naval, que durante décadas había sido un símbolo del poder colonial, pasó a control del gobierno maltés. Desde entonces, Malta celebró su independencia política, su condición republicana y su libertad militar como los tres pilares de su identidad moderna.


Las dos fechas (21 de septiembre y 13 de diciembre) representan momentos distintos de un mismo proceso histórico. La primera conmemora la independencia, el inicio de la soberanía legal y el reconocimiento internacional del Estado maltés. La segunda celebra la culminación de ese proceso, la afirmación política y simbólica de una nación que ya no dependía de ningún poder extranjero. Si la independencia significó el derecho a gobernarse, la república representó la consolidación de ese derecho, el paso de un Estado tutelado a una república libre e igual dentro de la comunidad internacional.


Más de cincuenta años después, el Día de la República sigue siendo una de las celebraciones más importantes del calendario nacional. Cada año, los malteses recuerdan aquel 13 de diciembre como la fecha en que su país dejó de mirar hacia Londres para empezar a mirar hacia sí mismo. La república no solo transformó la estructura política del Estado, sino que reforzó la conciencia nacional, la confianza en sus propias instituciones y el orgullo de una identidad que había sobrevivido a siglos de dominación extranjera. Malta pasó así de ser una base naval del Imperio Británico a convertirse en un actor político estable y respetado en el Mediterráneo, miembro de la Unión Europea y ejemplo de transición pacífica hacia la soberanía.

 
 
 

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